Slide4_4 Slide21_1 Slide22_2 Slide23_3 Slide24_4

Un diagnóstico temprano de sordera puede evitar secuelas importantes en el desarrollo del niño

La pérdida de la audición representa el desorden sensorial más común, afectando entre 1 y 3 de cada mil nacidos vivos. Estas son cifras que deben despertar preocupación en la población, sobre todo en padres con niños recién nacidos.

El Dr. Carlos Rodrigo Apolinar, otorrinolaringólogo tachirense, ve con gran inquietud como en algunos centros de salud de nuestro país solo dedican esfuerzos para realizar el despistaje de enfermedades metabólicas en el recién nacido, como hipotiroidismo (disminución de los niveles de hormonas tiroideas), galactosemia (deficiencia enzimática­), fenilcetonuria (desorden del metabolismo) y dejan a un lado la hipoacusia o sordera, teniendo esta una incidencia mucho mayor.

Para el Dr. Rodrigo “es obligatorio hacerle al recién nacido algunos estudios para prever que el niño tenga un crecimiento y desarrollo adecuado… pero cuando revisamos las estadísticas, la incidencia de sordera es más elevada que muchas enfermedades metabólicas a las que si se les hace el despistaje necesario”.

¿Por qué sospechar de una sordera en un BEBÉ recién nacido?

De acuerdo con el especialista, un bebé recién nacido puede presentar problemas auditivos de manera “adquirida o congénita… dentro de las adquiridas, la sordera puede desencadenarse a raíz de una enfermedad que contrajo la madre durante el embarazo, como el caso de la rubeola, toxoplasmosis, entre otras”.

Otra causa puede ser un “parto pretérmino”, es decir, “se adelanta el nacimiento del bebé y éste nace con problemas de peso y respiración, por lo que debe ser sometido a asistencia ventilatoria en unidades de cuidado intensivo y en muchas ocasiones administrando medicamentos ototóxicos como ciertos antibióticos, que pueden hacerle daño al oído del infante”.

Asimismo, explicó que la sordera puede aparecer cuando han existido problemas de “Ictericia (coloración amarillenta de la piel y mucosas debida a un aumento de la bilirrubina), Sepsis Neonatal (infección, por lo general, bacteriana) o Meningitis (infección del sistema nervioso central)”.

A pesar de que un niño no haya presentado ningún factor de riesgo como los anteriores, el Dr. Carlos insiste en realizar las pruebas para descartar la posibilidad de sordera en un bebé recién nacido, ya que “el 50% de las sorderas tienen un origen genético, y no hay otra manera de determinar si ese niño viene con una condición anormal”.

IMPORTANCIA DEL DESPISTAJE DE SORDERA

Para el otorrinolaringólogo es una obligación moral y ética realizar el despistaje de sordera en todo niño recién nacido. Por ello coloca como ejemplo países desarrollados como: Estados Unidos, Canadá y Europa, donde en las primeras 72 horas de vida de cada nuevo Ser, se realizan los estudios para detectar problemas de audición.

Explica, que existe un tiempo denominado “período crítico para el desarrollo del lenguaje, que esta comprendido entre el primer año hasta los cinco años y donde el cerebro desarrolla los medios necesarios para poder adquirir el lenguaje”.

Si la sordera es detectada y tratada a tiempo, existe la posibilidad de que el niño desarrolle el habla y el lenguaje. “El periodo más importante de un niño para desarrollar el lenguaje es desde su primer año de vida hasta los tres años. Entre los cuatro y seis años, el proceso es más lento. Y para un ser humano que no haya escuchado ningún sonido antes de los 6 años, es muy difícil que aprenda a hablar”, aseguró el médico.

¿EN QUÉ CONSISTE LA PRUEBA?

La prueba se denomina “Emisiones Otoacústicas”. Es una prueba objetiva, es decir, que no requiere la colaboración del paciente y consiste en la colocación de una sonda que emite un sonido en el oído y a su vez capta la “emisión otoacústica (señal que generan de forma fisiológica todos los oídos sanos)”. Cuando no se logra captar ese ruido natural, el médico especialista puede comenzar a sospechar de problemas de audición en el infante.

Si no pasa la prueba en un primer momento se repetirá al mes siguiente, “ya que en algunos casos puede dar falsos positivos por inmadurez del sistema nervioso central”. Sin embargo, una segunda prueba que no indique actividad auditiva debe confirmarse con otro estudio denominado “potenciales evocados auditivos de tallo cerebral”, el cual se realiza tres meses después.

Esta última prueba puede determinar el grado de sordera en el infante, la cual se divide en hipoacusia leve (entre 20 y 40 decibeles), moderada (entre 40 y 60 dB), severa (desde 60 hasta 80 dB) y profunda (más de 80dB). Una vez determinada, el especialista debe orientar a los padres para incorporarlos en un programa de rehabilitación, que puede incluir el uso de Auxiliares auditivos hasta la colocación de un sistema denominado “Implante Coclear”.

Es por ello que el especialista considera de suma importancia que todas las madres con bebés recién nacidos realicen este tipo de estudio; ya sea un niño completamente sano o que haya presentado algunos factores de riesgo como los anteriormente descritos. También recomienda a los ginecoobstetras, pediatras y neonatólogos, hacer la indicación de estas pruebas, ya que son ellos los que tienen el primer contacto con las madres y los bebes.

El Dr. Carlos considera que esta prueba “debe ser un despistaje universal, es decir, que debe realizarce a todo ser humano que nace”. Y acota que actualmente este estudio se está realizándo en las instalaciones de Policlínica Táchira.

Nubymar Mantilla CNP 18.170)

Directorio

Consulte nuestros Especialistas

 

Trámites

Informes de los Procedimientos

Visita Virtual

Conozca nuestras instalaciones